En el corazón de la cordillera Central, entre imponentes montañas y una niebla que parece eterna, se levanta el majestuoso Parque Nacional Volcánico Doña Juana – Cascabel, un territorio sagrado donde la naturaleza se conserva en su estado más puro. Este espacio natural alberga los volcanes Doña Juana, Ánimas y Petacas, cuyas cumbres alcanzan más de 4.300 metros de altura, custodiando bosques andinos, páramos y una biodiversidad excepcional que permanece prácticamente intacta.
Por su riqueza ecológica y su importancia para la regulación del agua y el clima, este parque es considerado uno de los pulmones naturales más importantes del sur de Colombia. Entre sus montañas habitan especies únicas de flora y fauna, y su aislamiento lo ha convertido en un verdadero laboratorio natural para la ciencia y la conservación.
Actualmente, el Parque Doña Juana: Cascabel no se encuentra abierto al público, ya que su prioridad es la protección de los ecosistemas y el desarrollo de proyectos de investigación ambiental y monitoreo volcánico. El acceso está reservado exclusivamente para personal autorizado y científicos que estudian los procesos naturales que allí ocurren.
Aunque no se permite el turismo en su interior, este santuario natural sigue siendo un símbolo de vida, equilibrio y respeto por la naturaleza. Desde las comunidades cercanas, se puede admirar su silueta imponente y entender su papel esencial en el paisaje y en la identidad del territorio nariñense. El Doña Juana: Cascabel nos recuerda que algunos lugares deben permanecer intactos, no para ser explorados, sino para ser protegidos y admirados desde la distancia, como verdaderos templos de la naturaleza.