En medio de la majestuosa laguna de La Cocha, a pocos kilómetros de Pasto, emerge un pequeño paraíso natural: la Isla de La Corota, el santuario de flora más diminuto del sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Con apenas doce hectáreas terrestres rodeadas por totorales, esta isla guarda un tesoro de vida en su interior: un bosque altoandino insular, único en el país, donde habitan especies de plantas, aves y hongos que conviven en un delicado equilibrio ecológico.
Visitar La Corota es adentrarse en un espacio sagrado para la naturaleza y para las comunidades que habitan las orillas de la laguna. La experiencia inicia con un recorrido en lancha sobre las aguas tranquilas de La Cocha, mientras las montañas se reflejan en el espejo del lago. Al llegar a la isla, el visitante puede realizar un corto pero inolvidable recorrido por el sendero de interpretación ambiental, rodeado de árboles cubiertos de musgo, orquídeas silvestres y un ambiente de total serenidad.
Por su fragilidad ecológica, el acceso a la isla está estrictamente regulado para garantizar su conservación. El cupo máximo diario es de 2.000 personas, cada visita tiene una duración máxima de 15 minutos, y el horario de ingreso se extiende únicamente de 8:00 a.m. a 5:30 p.m. Aunque actualmente no se cobra entrada, es indispensable registrarse con anticipación y cumplir con las orientaciones del personal del parque o de los guías locales autorizados, quienes acompañan y educan a los visitantes sobre la importancia de este ecosistema.
La visita a la Isla de La Corota no es una excursión cualquiera: es un encuentro con la esencia misma de la naturaleza. En su silencio, en el murmullo del viento y en el reflejo de sus aguas, el viajero descubre que la belleza más pura no está en lo vasto, sino en lo pequeño y bien cuidado. Es un destino ideal para quienes buscan contacto espiritual, contemplación y turismo responsable, en uno de los rincones más mágicos del sur de Colombia.